martes , 17 julio 2018

Feng Shui: casa octava – La sabiduría

En nuestro recorrido por este fantástico mapa del Baguá, que nos sirve de guía para nuestra vida, hemos llegado a una de las Casas donde nuestra sabiduría es palpable, ostensible y manifiesta. Nos referimos a una sabiduría que sale de nuestro interior, aquella que no viene dada por conocimientos adquiridos en universidades o colegios. Al contrario, nos es otorgada por nuestro crecimiento y nuestra experiencia. A la Casa de la sabiduría también se le conoce por el nombre de la Casa de la montaña, ya que es una tierra que ha crecido. Es de carácter Yin.
Este espacio de nuestra casa es el lugar ideal para la meditación y el descanso. Es el lugar perfecto para la sala de estar o el dormitorio porque la energía de la tierra proporciona calma, quietud y reflexión.
Cuando nos encontramos en esta Casa, visualizamos, a través de los objetos que colocamos en ella o de los cuadros que colgamos, el autoconocimiento. Por ejemplo, ante un jarrón de forma ovalada sin nada dentro, la imagen del vacío nos hará reflexionar.
Este espacio nos ha de servir para darnos cuenta de que, en nuestra vida, si no crecemos hay algo que falla y hemos de buscar lo que nos puede ayudar a madurar.
La maduración no es sólo lo que la sociedad nos dice y enseña, sino que es saber compaginar toda la inocencia de pequeño con la sabiduría de mayor. La imaginación, la alegría, la risa, el trabajo comprometido o la rebeldía con causa, son factores que nos demuestran que nos encontramos en el camino adecuado.
Es la Casa, como ya hemos comentado, de las formas vacías, de las personas que nos han hecho de maestros, de la gente que nos han enseñado, de los paisajes tranquilos, como lagos, iglesias y prados, pero también de cuadros que representen ciudades.
– Los colores son los ocres, el marrón y el beige.
– Como es una Casa Ying, sus atributos son inmovilidad, lo inanimado, la feminidad, la Luna y la noche. Las formas son las cuadradas. Los órganos asociados son el bazo y el páncreas.
– El gusto es el dulce.

El Reino de la Luz

Te encuentras en tu mundo interno. Es de noche y vas a ir a dormir a tu habitación. Te sientes cansado y, antes de cerrar los ojos, decretas atraer claridad para saber si lo que haces en tu vida es lo correcto y lo que tienes que hacer.
De repente, te despierta una luz. Delante de ti ves un ser brillante, resplandeciente, un ser de luz. Suavemente, este ser te coge de la mano y telepáticamente te comunica que has de emprender un viaje.
Te incorporas y te das cuenta de que tu cuerpo sigue dormido tranquilamente en la cama. Te miras y ves que estás hecho de luz y mantienes el aspecto que conoces de tu cuerpo físico.
Empiezas a elevarte y puedes ver tu casa, como va quedando pequeña allá abajo, al igual que tu pueblo o tu ciudad cada vez más minúscula.
Entráis los dos dentro de una gran negrura, pero sientes mucha confianza en el ser de luz que te guía y que te acompaña.
Delante de ti, ves unas montañas enormes, altísimas. No sabes dónde te encuentras pero la luz que ves sobre las montañas te atrae y cautiva. Te diriges hacia allí y te paras delante de un gran portal. Este se abre y dentro ves un panorama maravilloso: edificios, casas, paisajes resplandecientes llenos de una luz brillante y potente, palacios maravillosos como de los cuentos de hadas, gente mágica vestida con los diez mil colores de la luz, seres resplandecientes como el que te acompaña y te guía.
Lo vives como un bálsamo a todos los sufrimientos pasados.
Los seres te saludan como si te conociesen, te llaman por tu verdadero nombre (el primero que te venga a la cabeza), el de tu alma.
Te miras y te encuentras diferente. De hecho, eres como ellos. Tu ropa es como si fuese de seda y resplandeces, brillas, eres intensamente luminoso (te imaginas tal y como lo desees).
Tu guía te acompaña hasta el edificio magnífico que está delante de ti. Entras en una gran sala y te encuentras en el centro. Te acompañan todos esos seres. Desde el fondo de la sala se dirige a ti un ser más luminoso, se le nota más sabiduría y más magnificencia.
Al llegar frente a ti, te abraza y en ese momento sabes que formas parte del Reino de la Luz, donde te encuentras ahora. Es tu verdadero mundo, de donde realmente provienes. En este instante te das cuenta de que eres sabio, muy sabio, que tienes mucha experiencia. Que fuiste a la Tierra por tu propia voluntad porque, al tener un cuerpo físico, puedes pasar experiencias que en el Reino de la Luz no podrías vivir. Ahora sabes que te encuentras en el camino correcto. Tu mente está clara, muy clara. Lo que has de hacer cuando vuelvas es recordar esta claridad dentro de ti. Que cualquier cosa que desees venga de tu interior profundo.
Esto es lo que siempre recordarás.
Una vez vivido este momento tan intenso, el guía te vuelve a coger de la mano para devolverte a tu mundo físico. Das las gracias a todos los que se encuentran contigo, que forman parte de tu grupo de luz, que te apoyan desde siempre, y te despides diciendo “hasta la próxima vez”.
Traspasas el portal y te encuentras de nuevo en tu dormitorio, mirando tu cuerpo dormido en la cama.
El guía suelta tu mano y te encuentras dentro de tu cuerpo. Abres los ojos al notar el cambio de realidad y te asalta la duda de si lo has soñado todo o ha sido real. Dentro de ti queda la constancia de que ha sido totalmente real y las dudas se desvanecen.
Ahora, cuentas hasta cinco para volver a tu mundo.

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