miércoles , 19 septiembre 2018

¡SE BUSCA UN SISTEMA INMUNITARIO FUERTE!

 

Sería perfecto poder pasar todo un invierno sin sufrir los molestos síntomas del resfriados: nariz tapada, ojos llorosos, tos… y no tener que renunciar a nuestra vida social y laboral. Pero el  hecho es que estas infecciones aparentemente benignas, llenan las salas de espera de los hospitales durante el invierno, haciendo aumentar el absentismo laboral y escolar, así como las cifras de ventas de los medicamentos contra la gripe e incluso de los antibióticos.

Durante todo el año , nuestro sistema inmunitario trabaja incansablemente desde la sombra y, sin darnos cuenta, nos ayuda a mantener una buena salud. Sin embargo, es en invierno cuando nos acordamos especialmente de esta red protectora que atrapa, neutraliza y elimina los agentes patógenos. El frío, el aire seco, las habitaciones cerradas y la calefacción excesiva confieren un ambiente muy agradable a los virus y, si además, en este momento nuestro sistema inmunitario está debilitado, los virus del resfriado tienen vía libre para infectarnos y causarnos malestar.

El sistema inmunitario es una red compleja de células y órganos que trabajan juntos para defender el cuerpo de microbios y de otros patógenos como bacterias, virus o células tumorales. Las células que intervienen en los procesos inmunitarios se sitúan en  el cuerpo de manera estratégica: lo hacen determinados lugares, generalmente en los que se produce el paso de microbios, de modo que puedan intervenir rápidamente si es preciso. Así, cuando el cuerpo descubre una sustancia extraña, varios tipos de células entran en acción, desencadenando lo que se denomina respuesta inmunológica.

Un sistema inmunitario bien formado se podría comparar con una gran empresa extremadamente bien organizada, que se guía por una misma estrategia, donde el transporte, la producción, el almacenamiento, la logística y la seguridad están la más alto nivel. Sin embargo, es un verdadero desafío mantener la correcta actividad de esta empresa tan bien organizada, sobre todo durante las estaciones en las que las condiciones exteriores hacen mucho más difícil el trabajo.

Un resfriado es una infección autolimitada, por lo general poco marcada, y sus síntomas aparecen de forma paulatina, en forma de picor de garganta, estornudos o tos. La gripe, sin embargo, es una enfermedad que debe ser tomada con más consideración. Cuando se contrae la gripe, uno se empieza a sentir inmediatamente muy débil, apagado y con malestar general, y es frecuente que se sufra de lumbago u otros dolores articulares, dolor de cabeza, cansancio intenso y fiebre alta. Estos síntomas merecen una consulta médica, mientras que un resfriado ordinario se puede curar fácilmente en casa.

Son más de 200 virus, provenientes de ocho diferentes familias virales, los que pueden causar una gripe o un resfriado, y en ambos casos, al no tratarse de infecciones causadas por bacterias, no podrán ser tratadas con antibióticos.

Es importante tener en cuenta una serie de consejos para mantener la salud de nuestro sistema inmunitario y lograr que sea más fuerte y pueda afrontar los posibles intentos de infección de manera más efectiva. Para ello un estilo de vida saludable asegurando una alimentación sana y equilibrada, durmiendo las horas necesarias y minimizando el estrés, por ejemplo serán factores esenciales para nuestro propósito.

No hay que olvidar tampoco el hecho de mantener buenos hábitos de higiene, como lavarse las manos, limpiar los aparatos y utensilios que tocamos con más frecuencia y ventilar los espacios con regularidad. ES muy importante también beber mucha agua o infusiones, pasear al aire libre con frecuencia y dormir bien.

Finalmente, es importante añadir el consumo de determinadas plantas medicinales. Por ejemplo, la equinácea será fundamental, ya que existen muchos estudios que avalan que la equinácea  puede ayudar a prevenir la gripe y el resfriado, así como minimizar sus síntomas si hemos estado infectados. Otras plantas como las bayas de saúco, el ajo o el jengibre también poseen efectos beneficiosos para el sistema inmunitario, con menos respaldo científico pero sí con un amplio uso tradicional.

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