miércoles , 19 septiembre 2018

Tejiendo el futuro a través de los decretos

Un decreto es una ley, una orden y una afirmación. Pero es muchas más cosas aún. También es una petición que se caracteriza por la gran fuerza mental y emocional que vertimos en ella. Cuando decretamos algo hacemos una petición de nuestro deseo al subconsciente, a nuestro espíritu, a la Ley de la Atracción, a la energía universal, a Dios o a la Mente Universal. Será necesario que la hagamos de manera verbal, no solo con el pensamiento, porque de esta manera la onda energética que se lanza al espacio tiene mucho más poder. Si, además, aplicamos a nuestra petición confianza absoluta, será más factible que se cumpla y lo hará de una forma más rápida. Un decreto entusiasta pero pronunciado con dudas es difícil que se haga realidad, ya que estas dudas interferirán en la onda que dejamos escapar. En conclusión: cuanta más confianza, más resultados; cuantas más dudas, más dificultades de manifestación. Aun siendo conscientes de este principio, es normal que, al hacer el decreto, nos asalten dudas y titubeos. Una manera de neutralizar estos obstáculos será poner el suficiente entusiasmo y alegría para que la mente se enfoque en el decreto y lo viva desde la emoción. Como fórmulas para encabezar el decreto se podrían usar las siguientes:

-Aquí y ahora yo decreto que… -Ordeno y mando que… -Yo deseo que ya… -De ahora en adelante…

Siempre pensamos que hablar con voz de mando o con contundencia es una falta de respeto, pero en el caso de los decretos no es así, ya que cuando usamos con gran respeto nuestras palabras, la fuerza que expulsamos es mucho más grande y efectiva y el Universo nos escuchará porque sabe que nuestra petición está hecha de manera concreta y correcta. Por esa razón, nuestra petición se debe hacer desde el amor y el respeto. Cuando terminemos de decir nuestro decreto, debemos acabar con una expresión tal como “que sea para bien nuestro y de todo el Universo”. También podemos añadir: “Lo que he dicho y mucho mejor”. El Universo sabe mucho más que nosotros y, cuando las personas nos dejamos llevar por esta energía fabulosa, las cosas suceden de una manera fantástica porque hemos puesto toda la confianza en esta fuerza creadora y hemos impulsado la Ley de la Atracción. Cuando decimos que el Universo nos escucha nos referimos a la Ley de la Atracción. Hoy en día la Física Cuántica sostiene que la energía se halla en todas partes, que afecta a todos los rincones del espacio. Incluso nuestros pensamientos más pequeños son energía ya que nuestras células se encuentran inmersas en el campo de todas las probabilidades, como se denomina en Física Cuántica. A través del magnetismo, nuestros pensamientos y nuestras energías se van fusionando, y es a partir de este movimiento que ocurren los sucesos, que tanto pueden ser positivos como negativos, según sea lo que atraigamos Si juntamos pensamientos con acción y le añadimos la fuerza de la emoción, el entusiasmo y la motivación, podemos hacer cambios en nuestra realidad y transformarla totalmente. Descubriremos que el genio de la lámpara somos nosotros mismos. Una vez hemos tomado la decisión de lo que queremos, sea lo que sea (un trabajo mejor, una casa más grande, viajar por el mundo, una pareja, salud, tener un sentimiento de prosperidad total…) y hecho el pedido, podemos usar la visualización como si ya lo hubiéramos conseguido, viviéndolo, sintiéndolo, pero siempre desde la tranquilidad y la confianza, con nuestra mente y nuestro interior en plena armonía. También hemos de pensar de manera positiva en lo que pasaría si, por alguna razón, nuestra petición no llega en el tiempo que esperamos o simplemente no llega. Es decir, tenemos que dar por supuesto que, si algo no sucede tal como deseamos, habrá otra salida adecuada y correcta para nosotros. Una vez hecha esta reflexión, debemos esperar con paciencia. Obsesionarnos con nuestros objetivos puede provocar lo contrario de lo que queremos. Una manera de evitar obcecarnos es quitar envergadura a nuestros pedidos. En este mundo cuántico todo funciona por equilibrio, nada queda sin efecto. No será positiva una actitud de desinterés, así como tampoco de preocupación excesiva. Los extremos no son buenos. Hemos de tener en cuenta esto porque siempre acaba pasándonos factura. Es importante que, cuando visualicemos, veamos nuestro propósito totalmente conseguido y realizado en vez del camino para llegar a tenerlo, ya que este puede ser arduo. Tenemos que concentrarnos en el resultado final. Haz caso de lo que sientes interiormente porque es lo que te marcará la pauta a seguir para llegar hasta allí. La base es la tranquilidad, la fe y la confianza.

Extracto de libro ¿Y si es verdad y me lo estoy perdiendo?, de Lidia Barcons y Josep Gimbernat.

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